Tattoo Power

OPINIÓN

Tattoo Power

Manuel Salgado



Es muy posible que tengas o conozcas a alguien que se haya hecho un tatuaje, por cualquier motivo, de cualquier forma y en cualquier parte de su cuerpo. No es una práctica nueva, sino que se remonta a miles de años atrás, como así lo demuestran diferentes investigaciones antropológicas de restos humanos encontrados.

Hasta no hace mucho, las personas con tatuajes no han gozado de buena fama en la sociedad, ya que estos dibujos en el cuerpo se han asociado normalmente con delincuentes y gente de mal vivir. Es por esto que muchas personas declinaran esta opción cuando se lo planteaban.

Sin embargo, desde hace unas décadas, los tatuajes han ido ganando aceptación y fama en positivo entre muchos sectores de la población. El motivo quizás esté relacionado con el tipo de personas que han dado el paso de entender su cuerpo como un lienzo, de manera que deportistas de élite, cantantes, actores y otros protagonistas del espectáculo han iniciado un camino de “moda a seguir”.

Lo raro que leerás ahora es que, como psicólogo, te digo que no me parece una práctica cualquiera. No, no voy por la vía de desaconsejarlos, más bien lo contrario, siempre desde la elección personal y con la posibilidad de que se use tinta borrable, por aquello de la posibilidad de arrepentirse.

Y no lo digo sin más, sino que existen investigaciones que recogen esta idea, como la realizada durante años por el psicólogo y profesor Jerome Koch, de la Universidad de Texas, en la que recoge resultados de 2.395 universitarias entrevistadas sobre los motivos para hacerse tatuajes.

Las conclusiones vienen a afianzar la idea de tatuarse con un sentido, puesto que muchas no lo hicieron de manera caprichosa ni impulsiva. Es más, bastante de ellas tenían historias relacionadas con baja autoestima, ideación suicida, tentativas autolíticas, problemas depresivos, relaciones sociales escasas, pobre autoimagen y otras características relacionadas con una estabilidad emocional baja.

No quiero con ello hablar de “tatuaje terapéutico”, porque sonaría muy frívolo; no obstante, sí parece demostrarse que muchas personas lo usan por motivos parecidos a los mencionados en el estudio anterior.

Así, numerosas personas deciden tatuarse tras una pérdida afectiva, la falta de un ser querido, un problema de salud tipo cáncer o similar, una intervención quirúrgica, conflictos con amigos, tensiones laborales, lesiones deportivas, malos tratos en las relacione de pareja… en fin, todos con un factor común: Marcar un antes y un después de un hecho traumático o una situación negativa mantenida, con la clara intención de querer pasar página.

Obviamente, no estoy defendiendo hacerse un tatuaje VS acudir a psicoterapia, pero sí el hecho de que es cada persona quien suele saber o intuir qué necesita en cada momento de su vida, y un tatuaje puede darle un plus para ganar confianza y afrontar cuestiones complejas.

También existen motivos más positivos de manera directa, como son recordar vivencias positivas como fechas, lugares, nombres y un largo etcétera, lo cual igualmente puede redundar en positivo en la autoestima del tatuado.

Sólo le pongo tres peros a esta práctica: Ojo con el riesgo de lo irreversible del dibujo, para lo cual es importante hablar con el tatuador; con la posibilidad de que se convierta en adictivo, riesgo que siempre corremos con lo que nos gusta mucho; con los prejuicios de algunas personas, sobre todo si los tatuajes se realizan en zonas muy visibles, algo que puede dificultar determinadas interacciones sociales, especialmente en las entrevistas de trabajo.

Por lo demás, tatuarse puede suponer en sí mismo otro punto de inflexión para muchas personas, lo cual -como psicólogo- me parece parte fundamental en el crecimiento emocional.

No diré aquello de ¡ponga un tatuaje en su vida!, pero sí propongo plantearse en serio: “¿Un tatuaje?… ¡Por qué no!”

@ManuelSalgadoF


FOTOGALERÍA: ÁFRICA - Fotografías de José Luis Sánchez Nielfa
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